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Rebelión en la Granja - George Orwell

  • 11 dic 2015
  • 7 Min. de lectura

Resumen:



Los animales de la granja de Jones trabajan arduamente día tras día, son tratados con crueldad, asesinados cuando ya no sirven. No gozan de libertad, si no que son esclavos de los humanos que allí habitan. El hombre consume sin producir, valiéndose del esfuerzo de los animales y manteniéndolos con una mínima ración de comida.


Entonces el Viejo Mayor, un cerdo que poco tiempo de vida le restaba, llama a todos los animales a una reunión en el granero. Allí expone ante todos sus esperanzas de que algún día ocurra un cambio, que los animales sean libres y dignos, que desaparezca el hambre y el exceso de trabajo. Viejo Mayor está convencido que el humano es el problema de todos sus males, y cuando logren vencerlo, se volverán ricos y libres rápidamente. Todos los hombres son enemigos, todos los animales camaradas. Él incentiva a los animales a que se rebelen, pero que jamás olviden, que en la lucha contra el hombre, no deben llegar a parecerse a él. Ningún animal debe matar a otro animal, todos los animales son iguales.


Finalmente, acaba su discurso entonando “Bestias de Inglaterra”. El resto de los animales la aprenden, con enorme entusiasmo.


Semanas después, Mayor muere. Pero los animales sienten la obligación de continuar con su ideal y deciden llevar a cabo la rebelión. Esta recae sobre los cerdos, los más inteligentes entre los animales, que establecen los principios del Animalismo. Como ante todo cambio, muchos se resisten a rebelarse, pues no creen que sea posible o urgente, y piensan que sin el dueño de la granja, morirán de hambre.


Pero el señor Jones, afectado por la bebida, descuida sus deberes en la granja y mal alimenta a los animales. Estos ya no resisten más el hambre y se sublevan. Sin previos planes, rompen las puertas del granero por comida. Cuando Jones y sus peones intentan alejarlos, los animales se lanzan contra ellos y logran expulsarlos de la granja.


Los animales festejan y saltan de alegría. Para organizarse, los cerdos reducen los principios del animalismo en siete mandamientos, que escriben sobre la pared del granero:


  1. Todo lo que camina sobre dos pies es un enemigo.

  2. Todo lo que camina sobre cuatro patas, o tenga alas, es un amigo.

  3. Ningún animal usará ropa.

  4. Ningún animal dormirá en una cama.

  5. Ningún animal beberá alcohol.

  6. Ningún animal matará a otro animal.

  7. Todos los animales son iguales.


Todos los animales continúan trabajando en la granja, pero ahora lo hacen para ellos mismos, producen su propia comida. Los únicos que no trabajan son los cerdos, pues ellos se encargan de supervisar y organizar, al poseer conocimientos superiores. Las peleas entre animales cesan, volviéndose una sola unidad. Son más felices y optimistas que nunca.


Se establece que todos los días se deberá trabajar, excepto el domingo. Los domingos eran el día libre, y también, cuando se reunían para debatir, luego de cantar su himno, Bestias de Inglaterra, frente al mástil. En aquellas reuniones, Napoleón y Snowball, dos cerdos líderes, jamás estaban de acuerdo.


La leche que se ordeña a las vacas desaparece. Los cerdos anuncian que la leche y las manzanas serán para ellos, ya que son necesarias para la salud de sus mentes. Los animales aceptan dudosos, entonces los cerdos advierten que sin su inteligencia, Jones volvería. Y nadie quería tal cosa. Entonces los animales no volvieron a objetar.


Se envían palomas para difundir a las demás granjas las noticias de la “Granja Animal”. Los humanos intentan reconquistar el lugar pero los animales vuelven a expulsarlos y nombran el suceso como la Batalla del Establo de las Vacas. Los cerdos crean medallas y otorgan una a la difunta oveja y a ellos mismos, Napoleón y Snowball. El triunfo se festeja.


Una de las yeguas, Mollie, no soporta estar alejada de los humanos y huye a una granja vecina, donde la consienten con lazos azules y terrones de azúcar, que los animales no poseen.


La mayor discusión entre Napoleón y Snowball surge por la construcción de un molino de viento. Snowball, con su gran elocuencia, gana el apoyo de todos los animales a favor de construirlo. Sin embargo, Napoleón toma el poder cuando llama a sus nueve feroces perros, que le obedecen como a su amo, pues los ha educado desde cachorros con tal fin.


Los perros persiguen a Snowball hasta ahuyentarlo de la granja. Napoleón queda entonces con el liderazgo absoluto. No solo posee la inteligencia ahora, sino también la fuerza (los perros). Su primer decreto es que los animales dejaran de reunirse los domingos. Desde ahora, los cerdos toman las decisiones.


El resto de los animales carece de inteligencia, dejándose disuadir por los cerdos, que inventan que Snowball era un tirano, y que Napoleón los ha salvado de él.


Aunque se había opuesto a ello, Napoleon dictamina que se construirá el molino. Los animales no lo notan debido a su entusiasmo por el animalismo, pero cada año trabajan más duro que el anterior, incluso más que cuando estaba el señor Jones, y no reciben mayores raciones de comida, sino que esta para escasear cada vez más con los “reajustes” que hacen los cerdos.



En breve, los cerdos poco a poco van incumpliendo los mandamientos. Comen más, no trabajan, comienzan a habitar la antigua casa de los Jones, usan su ropa y beben su whisky. Para que los animales no lo noten, durante la noche cambian los mandamientos escritos en el granero, aprovechándose que solo ellos saben leer. Todo el trabajo recae sobre el caballo Boxer, fuerte y admirado por todos, que cree ciegamente en el animalismo, lo que lo impulsa a trabajar sin descanso.


En la granja escasean elementos, como semillas y abono, que solo pueden obtener de los humanos. Napoleón comercia con granjas vecinas pero resulta estafado. Los granjeros intentan reconquistar el terreno una segunda vez, explotando el molino que tanto tiempo y esfuerzo les costó. A pesar de eso, los animales vuelven a expulsarlos, pero sufren pérdidas.


Al mismo tiempo que se eleva la figura de Napoleón, inventando historias heroicas sobre él, poemas en su honor y apodos como Padre o Protector de Todos los Animales, se iba ensuciando el nombre de Snowball, alegándole todos los males que ocurrían en Granja Animal, acusándolo de traidor.


Napoleón sentencia a muerte a un gran número de animales que acusa de conspirar con el traidor. Esto aterroriza a los animales.


El molino vuelve a construirse pero la mayor fuerza de la granja enferma. Boxer, el caballo, se halla en terrible estado por su vejez y el exceso de trabajo de los años. Napoleón asegura que lo envía a un veterinario, pero Benjamin, un burro que se mantiene indiferente ante los cambios, lee en el carro que se lo lleva “matadero de caballos”.


La muerte de Boxer afecta a todos. Con los años el trabajo se vuelve cada vez más duro y la comida más escasa. Los animales están flacos y cansados, pero creen que el hecho de que tienen más dignidad que antes lo compensa. Y cuando ven su bandera flamear en el mástil, sienten inmenso orgullo. Por el contrario, los cerdos poseen cada vez más privilegios. La granja parece prosperar a pesar de todo, como si se hubiera enriquecido, sin enriquecer a los animales mismos.


El molino de viento se ha construido (aunque no da electricidad) y se planea construir otro, junto a una escuela para las crías de los cerdos. Los cerdos no deben juntarse con el resto de los animales, y cuando un cerdo se cruza con un animal, este debe hacerse a un lado. El segundo rango de privilegiados son los perros.


Un día, los animales se horrorizan al ver a los cerdos erguidos en dos patas. Todo avanza rápidamente. Los cerdos visten de pies a cabeza, llevan látigos y miradas arrogantes. Se reúnen junto a humanos en iguales condiciones, conversan, juegan naipes con ellos, se sientan en sillas. Los demás animales de la granja ven como es imposible distinguir entre los cerdos y los humanos.




Mi Análisis:


Es una obra maestra. Una alegoría que retracta a la perfección el Stalinismo en la Unión Soviética, aunque muchos de los elementos que el autor denuncia sobre este movimiento en particular, se pueden aplicar a casi todas las sociedades.


Primero muestra la vida de los animales, caracterizada principalmente por el excesivo trabajo y el hambre, como también podría caracterizar la vida de los sectores más pobres de la sociedad. Y una última y no menos importante característica: la ignorancia, el analfabetismo, la falta de educación.


Pero cuando un animal astuto se cansa de la opresión, se rebela, convenciendo al resto que también debe hacerlo, pues aunque casi parece que no son capaces de pensar por ellos mismo, el cansancio y el hambre hablan por si solos. Entonces ocurre la rebelión, pues el verdadero poder siempre lo tendrá el pueblo, el que con sus manos y su sudor produce, pero sin educación, el poder queda sumergido en un profundo sueño.


Una vez que ocurre la rebelión, todo parece comenzar de cero. Los animales son todos iguales por un momento, y son felices y libres. Pero en realidad, jamás fueron ni serán verdaderamente iguales. Si podrán ser iguales en derechos, pero en fuerza, en inteligencia, en velocidad, jamás lo serán. Jamás. Y como ha sido demostrado en toda la historia, la inteligencia será siempre la mayor herramienta, la que venza a la fuerza. Por esto, naturalmente los cerdos acaban volviéndose los superiores, pasando a representar la clase alta de la sociedad animal. Y no vencen a la fuerza, si no que la utilizan a su favor, cuando Napoleón domestica a los perros.


Entonces el proceso es claro e inevitable. Los animales ya no solo son desiguales en características sino también en derechos.



Citas Destacadas:


“Todos los animales son iguales, pero algunos son más iguales que otros.”


“¡Si bien ustedes tienen que lidiar con sus animales inferiores nosotros tenemos nuestras clases inferiores!”


“Y cuando sentían tronar la escopeta y veían la bandera verde ondeando al tope del mástil, sus corazones se hinchaban de inextinguible orgullo.”


“El hambre, la opresión y el desengaño eran, así dijo él, la ley inalterable de la vida.”


“De algún modo parecía como si la granja se hubiera enriquecido sin enriquecer a los animales mismos; exceptuando.”


“Parecía que nada lo mantenía en pie excepto su voluntad de continuar.”


“Sus vidas no eran más que hambre y trabajo; ¿no resultaba, entonces, correcto y justo que existiera un mundo mejor en alguna parte?”


 
 
 

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